viernes, 3 de enero de 2014

El espejo (última parte)



- No, mi amor, debe ser el tuyo…
- ¡No mientas! ¡Yo no uso ese perfume, vos lo sabés!
- Vos usás cualquier…
- ¡Callate, hija de puta! – gritó el hombre dándole una sonora bofetada. - ¿¡Dónde está!? ¿¡Debajo de la cama!? ¿¡Adentro del armario!?
La puerta del armario se abrió y Benjamín sintió una puñalada en el pecho que no le permitió ni gritar. Luego otra y otra.
El marido de Taimir la asesinó a ella también, la subió a la azotea y la dejó allí tirada sabiendo que nadie la encontraría.
Del otro lado del espejo, Elena se levantó inquieta. Al no ver a su marido, lo llamó repetidas veces buscándolo por toda la casa. Se metió entonces en ese pasillo que jamás había visitado y, luego de chequear que las puertas seguían bloqueadas, vio la escalera. A pesar de su largo y fino camisón, la mujer trepó hasta llegar al altillo, que tenía la puerta abierta, penetró por ésta y vio que una luz iluminaba todo.
Desde el otro lado de una puerta de vidrio, un farol delataba su presencia y también la de una chica de cabello largo que yacía muerta en el suelo. A su lado, callado, estaba Benjamín comprobando sus signos de vida.
- ¿Qué pasa, mi amor? ¿Quién es ésa? – cuestionó Elena alarmada.
- Escuché ruidos y vine a ver. Parece que la han asesinado. – murmuró nervioso.
- Volvé a la cama. No soporto que estemos peleados. – imploró la mujer cogiéndolo del brazo y tirando de él para obligar a su esposo a seguirla.
Éste se puso de pie, la besó y le dijo en un tono extrañamente tierno:
- Te amo, Elena. Siempre te amé. Perdoname si te traté de forma indebida. Prometo que no lo vuelvo a hacer.
Así, los dos regresaron a la cama dejando vestigios del presente y del pasado.